El Espíritu Santo habita en tu cuerpo, ¿lo cuidas?

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Por: Rvdo. Omar Cabrera Jr.

¡Qué placer poder saludarte sabiendo que la mano del Señor está extendida sobre tu vida! Estoy convencido de que Dios te está atrayendo a estar cada día más cerca de Él; está abriendo tu corazón para que el Espíritu Santo llene cada vacío interior y para fortalecerte para vivir una vida gloriosa y de victoria para la gloria de Su Nombre.

La Palabra de Dios dice en Romanos 8:11:«Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros».

Fíjate qué maravillosa promesa que nos da el Señor en esta palabra; por la obra del Espíritu Santo, ese poder que levantó de los muertos a Jesús (luego de tres días en la tumba, luego de todo lo que había padecido, luego de que Su cuerpo había sido destruido y desmenuzado) nos dará vida a nosotros.

Le pregunté a personas que hacen emergencias médicas cuántos vatios se necesitan para resucitar a alguien que está en un paro cardíaco y cuánta energía produce un desfibrilador. ¡Me sorprendí! Como 380 vatios es lo que esta máquina de terapia eléctrica termina transmitiendo al cuerpo del paciente; (cada vez la mejoran para que sea menos doloroso y siga siendo efectiva, me dijeron). ¡Imagínate el poder del Espíritu Santo obrando en la vida de Jesús para resucitarle de entre los muertos! Ese mismo poder está a nuestro alcance y la Palabra del Señor promete aquí en Romanos 8:11 que ‘vivificará también mi cuerpo mortal por Su Espíritu que mora en mí’. Y dos veces lo dice. Esta es una de las claves para que esto suceda: ‘mora en nosotros’.

Como hijos de Dios, tenemos al Espíritu; cada uno de nosotros somos templo del Espíritu Santo. Entonces, si soy el templo del Espíritu Santo, la primera condición es vivir en santidad para que el Espíritu del Señor more en mí; acuérdate que Dios no habita en las tinieblas y no hay tinieblas en Él (1 Juan 1:5b); si el Espíritu Santo va a estar habitando mi vida, morando en mí, debo vivir en santidad. De hecho, cuando el Señor sanó a ese paralítico en el estanque de Betesda (San Juan 5) le dijo (versículo 14):«Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor». Dios me llama a vivir en santidad para poder vivir en salud divina.

Cuando el pueblo comenzó a murmurar y a apartarse de la voluntad del Señor, a salirse de Su cobertura, vinieron las serpientes venenosas que los mordían en medio del desierto (Números 21:1-9) y empezaron a morirse; pero luego que Moisés oró, Dios le dio indicaciones para hacer una figura de una serpiente de bronce, que ponga en lo alto de un poste, y todos los que la miraban eran sanos. Si pones tu mirada en el Señor, si lo ves a Jesucristo en aquella cruz, sabrás que ‘por la llaga de Jesucristo fuimos nosotros curados (Isaías 53:5), y al poner la mirada en la cruz le estás dando la espalda al pecado, estás cuidando el templo del Espíritu Santo que es tu cuerpo.

Hay una promesa no muy grata en la Palabra del Señor para quienes ensucian, pecan y destruyen el cuerpo; en 1 Corintios 3:17 leemos: «Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es». Si permito que los vicios, los pecados sexuales, la mentira, el descontrol alimenticio reinen en mi vida, todo eso traerá enfermedad y secuelas a mi cuerpo.

Pablo exhorta en 1 Corintios 6:19-20: «¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios». ¿Cómo ‘glorifico a Dios en mi cuerpo’? Honro a Dios teniendo buenos hábitos nutritivos, teniendo buenos hábitos de descanso, teniendo buenos hábitos higiénicos; siendo fiel a mi cónyuge, todas esas cosas me ayudan a cuidar la salud del templo del Espíritu Santo que es mi cuerpo.

Y así como yo no iría al templo a destruir sus paredes, ni a pintarlo con graffitis, ni a romper las butacas, ni a arrancar las alfombras… de la misma manera que soy reverente en la casa de Dios donde nos congregamos (como ‘congregación’), tengo que ser temeroso de preservar el templo del Espíritu Santo que es mi cuerpo.

Tantas enfermedades se producen por los vicios, la cirrosis, por ejemplo; los problemas mentales a causa de la droga; o a causa del cigarrillo, el cáncer en la garganta, en los pulmones; y tantos otros resultados se vive por no cuidar, por dañar el templo del Espíritu Santo que es el cuerpo. Aún, al pensar en las enfermedades venéreas, producto de pecados sexuales, y cada vez hay más, y la más temida: el Sida. Todo como resultado de la promiscuidad, de la concupiscencia, de ceder a los placeres engañosos, carnales; mientras que el Señor nos llama a glorificar a Dios en cuerpo y en espíritu.

Yo pensaba cómo afecta la mentira en nuestros cuerpos y cuántos hay que terminan en estrés, que terminan en ansiedad, terminan tomando ansiolíticos, con úlceras en el estómago; algunos por los trastornos nerviosos hasta se les cae el pelo, todo porque han abierto una puerta al pecado.

El Espíritu que levantó a Jesús de los muertos quiere vivificar mi cuerpo mortal de la misma manera que resucitó a Jesucristo; y por esto es que quiero orar en el día de hoy, por todos los que están enfermos a causa de lo que han hecho en contra del cuerpo que es el templo del Espíritu Santo.

Señor: te pido en esta hora que Tú traigas liberación de todo vicio; liberación de la bebida, del cigarrillo, de las drogas. Señor, no solo la liberación del vicio sino de las secuelas que quedan en el cuerpo; limpia los pulmones de toda esa nicotina inhalada; limpia el hígado del consumo de alcohol. Señor, descontamina el cuerpo intoxicado por la droga, y líbralo de las consecuencias negativas; yo te pido que hoy traigas una restauración completa al cerebro, las neuronas que han sido afectadas. Libra a Tu pueblo de la promiscuidad y sánalos de enfermedades venéreas, aun del Sida. Libera a aquellos que están adictos a la pornografía. Señor, también te pido que traigas libertad de la mentira y de vivir una vida de pecado. Sana, te ruego, física y psíquicamente: cierra las úlceras, calma los nervios, libra del estrés y la ansiedad. Aun, te pido, por aquellos que viven con desórdenes alimenticios; que hoy tomes control de la diabetes, de la obesidad, del colesterol alto, de la urea, de la bulimia, de la anorexia, de la alta presión.

Yo declaro que tu vida es el templo del Espíritu Santo y le glorificarás en espíritu y en el cuerpo. En el Nombre de Jesús. Amén y amén.

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